7 dic. 2011

Cuando me senté en el banco de aquella plaza maldita, todo lo malo desapareció. Con los pelos de punta y la nariz congelada por el frío. Con las manos dentro de los bolsillos y la mirada perdida en tus ojos. Me levanté de golpe, mi cabeza sufrió un cortocircuito pero no tan brusco como el que sintió mi corazón. Me susurraste al oído que querías toda una vida conmigo. No sé que acabo sucediendo.
Más tarde lo recordé, 
me juraste un para siempre y aun sigo esperando.

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